Fue de la noche a la mañana, del calor del día a la frialdad de la noche, como un relámpago que pego fuerte y se fue. Todo inesperado, todo resurgido de discusiones del pasado, ya se veía venir, ya estaba en mente de uno de los dos y a mi parecer fui yo el que no caí. Era día sí y día también, siempre había algo, siempre había palabras y en ellas no sonaba el "te quiero" que en otras ocasiones era lo único que se escuchaba. Yo lo sabía, bueno, no lo quería, me lo negaba a mi mismo, prefería no pensar en que cualquier día un beso se firmaría como el último, no, no podía pensar en un final, no podía afrontar lo que sucediese con la cara de me da igual. El día se me hizo noche y la noche se me hizo eterna, tantas tontas lágrimas derramé, cuántas pocas palabras declaré, fue una estacada clavada en mi vida, fue lo que me hizo abrir los ojos sólo para llorar y sentirme como una mierda. Escribía un poquito pues me aliviaba, de poco sirvió, me sentía peor, escribir lo que me pasó y repasarlo cada noche para ver si sentía amor y lo que sentía era todavía más odio y dolor. Ver nuestras fotos, leer nuestras notas, mirar cada corazón dibujado en mensajitos y verme en el espejo bañado en lágrimas. Dios, cuanto odio aquel tiempo, fue mi mal de amores multiplicado por el número de asignaturas que me habían quedado. Reviví, volví, como el ave Fenix de las cenizas resurgí. Los meses pasaban, las lágrimas secaban, los momentos pasados terminaban y los recuerdos caducaban. Pasó todo a ser mas ameno, un tiempo mejor, más bueno, mano a mano con amigos, hombro con hombro con colegas pasé el mal trago, aunque no tuve tanta ayuda como quise, no me ofrecía yo a manos desconocidas, intente hacer yo solo lo que sabía que no podía y lo logré aun no creyendo en mis expectativas. Fui capaz y aguante, fui incapaz de rendirme. Mi meta era olvidar y olvide estar triste, me alegro de que haya podido ser posible, gracias a mi primo que siempre estuvo ahí cuando necesitaba un hombro firme. Hoy me veo y me siento fuerte, me siento como si pudiera aguantar un tiro del arma más potente. Pero espero no recibir otra bala en el corazón de parte del amor que con una ya fue bastante y todavía tengo cicatriz y parte del dolor.
Aguantar tanto tormento y sólo de vez en cuando tener autocompasión de uno mismo, fue horrible y no quiero que se repita nunca, es como una de esas borracheras inmemorables e irrecordables de la cual yo sólo me lleve resaca.
Escribir aunque sea una parte ínfima de lo que quiero decir ya me consuela, ya que lo de desahogarme con alguien se lo llevó ella.
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