jueves, 3 de enero de 2013

Doce meses, doce uvas, doce razones.

Doce razones para muchas cosas de mi vida, para muchas decisiones que he tomado y no me arrepiento de en algunos momentos haber agachado la cabeza o elevarla hasta el cielo. Doce meses, doce uvas, doce razones.

Pienso que he comido mucha mierda y he sonreído poco más de lo que mis amigos me han brindado, una sonrisa... La vida me debe dejar comer una uva más, vivir un mes más y declarar una de las tantas razones por las que en mi día a día no sonrío. Debo enmendar las tantas sonrisas que el año pasado no dediqué al sol cada mañana. La vida debe ser para mi más color de rosas, comerme menos el coco por tonterías y esas cosas... Conocer a mi princesa, ser feliz... No me he enamorado, no he sido del todo capaz, he temido, he querido ser como soy pero cuando ella se fue yo también me fui y, no sé donde me metí ni a donde voy. Doce meses que paso mal y a final del año me como una uva por cada mes. Tengo doce razones por las que mi dosmildoce no ha sido como he querido. Doce razones por las que ni a mi mismo me he querido. Doce razones por las que he llorado, he sonreído y a veces simplemente he sido yo... un amargado 25 horas al día durante doce meses al año. Me parece increíble que sean doce los meses y me destroce algo en cada uno de ellos. Son doce meses largos, en los que me ahogo y no tenerla me ahoga, no tengo con que desahogarme, pasar el mal trago, aunque halla pasado tiempo sí, pero no el suficiente a mi criterio. No guardo odio, ni rencor, ni nada parecido, solo ha sucedido que lo único que me alegra de este año es seguir vivo. Conocí a alguna que otra persona importante, ahora más que nunca y para siempre, conozco más de cerca a mi gente y los nuevos se han vuelto para mi imprescindibles. El 31 de diciembre a las 12:00 me comí doce uvas por cada una de las razones que en el trascurso de los doce meses he ido aprendiendo, recopilando, luchando por seguir adelante aunque adelante no obtenga como recompensa un beso de tus labios... Sé que el año que viene me volveré a comer otras doce uvas y ya habrán pasado de nuevo otros doce meses. Un poco me alegro y siento que si sigo así hallaré paz en mi. No me rindo y sigo, no me paro y continuo. Dicen que la esperanza es lo último que se pierde, pues yo tengo la esperanza de que el año que viene acabare al lado tuyo o de otra... pero, ¿eso quién lo sabe?... pues creo que nadie.

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