A la luz tenue de una lámpara pienso cómo empezar esto. Sólo se me vienen a la mente tus pensamientos. El irremediable impacto que me causa pensar en un tal vez, nuestro quizás, siempre lo esperaré aunque tú me niegues la vida. Chavala, lloro por ti pero no son lágrimas reales, sino ya estaría deshidratado, muerto de tanto desahogar y tan poco tragar. Me dan achantes y tengo ya corroída la garganta. Soy un cobarde por omitir atreverme a amar a mi amada, una princesa, le dije; una fea, me respondió. Mentira, ella sabe que es y espero que lo ponga en duda aunque sea al menos una vez.
Chica, nena, niña, mujer, empápame en lágrimas y así sabré que te hallas cerca mía, no me des fecha pero mándame indirectas para saber que no siempre me rechazas. Dame un abrazo, un suspiro, un toque en el costado que valga amor. Dame falsas ilusiones, mentiras con seda, días de noche, dolor con sabor fresa. Dame algo que muero, lloro, revivo y sigo sin vivir porque no estoy contigo. Eres aire y yo unos pulmones sin oxígeno. Pégame en la cara y hazme sentir. Dame la mano y déjame contigo huir. No sabré donde ir pero iré al mejor lugar del mundo sabiendo que es junto a ti. Préstame tiempo y lo convertiré en caricias en tu espalda, dame una vida y será la mejor invertida de toda la galaxia.
Siento siempre más por usted, sufro e intento aguantar, te quiero mucho. Es triste intercambiar los papeles en la obra de teatro donde yo debería de ser Romeo y tú, Julieta. Donde nuestros padres invasores son el tiempo y el espacio; La timidez el puñal y la impotencia la mentira.
Hablemos claro y alto, con sinceridad y tacto. Sin suspicacias, directos y veraces, con la verdad de frente, valientes y capaces. Mirándonos a los ojos. Los tuyos "negros" y los míos marrones, como tú dices, "verdes". Quiero verte y que se rompan todos mis esquemas, que te mire y muera por dentro, que duela todo lo que piense y diga, lo que pienso y digo, que si lloras sea de verdad y no con lágrimas de cocodrilo...
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