Cuatro
Letras
Me gusta tu sencillez, el
que seas tan tranquilo. A veces me quedo mirándote cuando estás
pensativo. Me imagino qué melodía estarás escuchando a través de
tus inseparables auriculares. Ese eres tú, un chico cualquiera, un
adolescente en vaqueros claros, zapatillas y camiseta lisa que pasea
frente al mar. Intuyo que he venido a romper tu soledad… Me siento
como un polizón que se ha colado en tus paseos solitarios...
mientras te pierdes en tus pensamientos, en tus recuerdos, en la
memoria de una chica que te dejó una herida que nunca llegó a sanar
del todo…
Me ofreciste tu confianza
desde el principio. Gracias por compartir tus escritos conmigo, por
abrirme tu corazón desde la primera noche. Me sorprendió que me
invitaras a tu mundo virtual tan pronto. (Aunque mi curiosidad ya lo
había descubierto. Empezaba a conocer tu mundo interior, tu alma
pura, como la de un niño.) Y desde entonces deseé inyectarte mi
amor como insulina... También comencé a envidiar tu facilidad para
hacer encajar las palabras y que terminen formando un puzle perfecto,
como sólo tú sabes hacerlo.
Eres único y especial… Me
encanta tu falta de interés en lo superficial. Quizás a tus 16 ya
sabes que «lo esencial es invisible a los ojos». Careces de
egoísmo, das tanto sin pedir nada a cambio… No juzgas a los demás,
eres lo suficientemente maduro para aceptarlos como son. Tienes poco
y te conformas sin protestar. Aceptas la vida como te viene. Tu
humildad y tu nobleza no se encuentran en otros de tu edad.
Tan grandes dosis de
romanticismo sólo podían provenir de un caballero como tú. Esa
ilusión por sorprenderme, esas ganas que tienes de mí. Te doy las
gracias por ser yo la que ocupo tus pensamientos.
Me alegro de que todo lo que
has vivido
te haya convertido en lo que
eres ahora…
porque me encantas.
Hola! Acabo de ver que acabas de empezar a seguirme, me he pasado por aquí... Y me encanta!
ResponderEliminarFelicidades por el blog ^^
Un beso!