Bendita inspiración divina que me vino en forma de mirada, sonrisa y un gesto facial, con mucha ceja, digo, clase. Y es que con poco se puede escribir mucho. Y es que eres mucho para lo poco que soy, Cuatro Letras.
No sé si sabes pero me llenas de tal forma que has desformado mi interior, tenía el corazón pequeño y lo llenaba con poco, has entrado a lo grande y has colmado de lleno... A base de Milka, zumos, besos, abrazos y cosquillas. Qué dulce es la inspiración, a veces se me presenta en forma de algodón de azúcar colgando una piruleta y pantalones de chocolate, pero la verdad es que la prefiero desnuda, sabe mejor, tan solo acompañada de su olor, ese que se impregna en mis palmas y me da que escribir. Qué bien huele, deja una estela por donde pasa. Se querrá hacer notar, pues lo consigue, mira las entradas que anteceden a esta.
Es que pienso y pienso, escribo y vuelvo a pensar, y ahí apareces tú, entre mis ideas, entre las yemas de mis dedos, entre un sueño y otro, entre un platino y un diamante, entre tú y yo. Mi musa y la forma en la que la encontré. Cómo inspira pensar en esa onomatopeya, ese sonidito que tanto reconforta, que me hace gracia con tan solo pensar en él. Si es que sólo puedo pensar en mi musa, si no de dónde iba a sacar yo algo para escribir. Menos mal que aceptó y me dejó que escribiera de ella, desde entonces las entradas son más dulces, más color rojo, rojo sangre. Desde el recuerdo, porque sólo sé escribir desde el recuerdo, y no recuerdo otra cosa parecida a lo que me está pasando junto a ti. Es especial, como mi inspiración, soy único, sólo si soy contigo.
Gracias por llegar cuando más te necesitaba, cuando necesitaba de ti y ni siquiera lo sabía. Por hacer de la lluvia, los minutos, mi estilo de vida... algo increíble. Y por hacer de mí un tipo feliz, que tiene una musa, que no es sólo su musa, sino todo y más. Es que ahora las noches son más que sólo de escritura. Son de espera, de habla, de disfrute, de hacerme a como soy al día siguiente, porque soy un fugado de la prisión del sueño. Soy clandestino. Soy loco... Soy tuyo.
La mar, el mar... La brisa, tu iris, el verde, unos pantalones, nuestro roce, tu piel, la mía, calor, fuego, agua, más sed, más agua, otro beso, tus labios, caricias, ellos dulces, los míos diabéticos, tú droga, yo adicto, prohibido, me importa un pimiento. Cada vez acorto más, me empiezo a parecer a ti... Cuántas cosas nos habremos pasado el uno al otro, además de pensamientos, casualidades y sustos a causa de la telepatía. Cuántas risas...
Siempre que hay sol asomo la cara al cielo, cierro los ojos y pienso en ti. Siempre que llueve me dejo calar, es lo más parecido a saciar la sed sin ser tú el agua. Y me fijo en cómo cae, y me pierdo en el infinito de las infinitas gotas que caen. Pienso en ti infinitamente, inconscientemente... mérito que a veces se lleva mi subconsciente.
Y es que nada es como ayer. Y es que soy feliz, y es que nadie me puede arrebatar esta ansiedad, estas ganas de ti, esta felicidad. Esta sonrisa tonta, esa que tú me sacas vaya como vaya el tema, la que siempre mantengo, de la que me enorgullezco de mantener por manterla gracias a una niña, 'la niña'.
La niña que me inspira, mi musa, la dueña de mis sonrisas. La cabecita más bonita, de pelo 'rizado', cejas articuladas, de iguales ojos y una sonrisa especial. Labios agradables al tacto, la vista y el gusto... Un placer ser tú mi fuente, de la que sacio sed, de la que me inspiro. Un placer ser mis silencios, mis palabras, mía...
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